Entre el valle y la sierra
Totana tiene dos caras. Hacia el valle del Guadalentín, un paisaje agrícola llano, muy caluroso en verano y con suelos arcillosos. Hacia el norte, la falda de Sierra Espuña, con terreno más pedregoso, algo más de frescor y casas de campo en ladera. Las dos zonas piden una instalación distinta, y en la visita lo primero que miramos es precisamente eso: qué hay debajo.
Agua escasa en el Guadalentín
El valle del Guadalentín es una de las zonas de España donde más se nota la falta de agua: acuíferos sobreexplotados, regadío que compite por cada litro y veranos largos sin lluvia. En ese contexto, regar un césped natural cada día en julio cuesta dinero y se ve cada vez peor. El césped artificial permite tener una zona verde junto a la casa sin gastar agua en ella.
Suelos arcillosos: la base lo es todo
En las diputaciones del valle —El Paretón, Lébor, La Huerta, Mortí— la tierra es arcillosa: dura como una piedra en agosto y blanda como barro después de una tormenta. Sobre ese terreno un césped colocado sin preparar acaba con charcos y hundimientos. Retiramos la capa superficial, aportamos zahorra, compactamos y damos pendiente para que el agua salga del jardín, no se quede en él.
Casas de campo en la falda de Sierra Espuña
En Raiguero y en las casas dispersas hacia la sierra encontramos parcelas en pendiente, con piedra y muros de bancal. El césped se adapta bien a desniveles moderados si se ancla correctamente. Allí solemos plantear una zona verde alrededor de la casa o de la piscina y respetar el resto del terreno con su vegetación natural, que es parte del encanto de vivir allí. Si tienes piscina, mira césped para piscinas.
Casco urbano: patios y terrazas
En el centro de Totana predominan las casas de planta baja con patio trasero de hormigón y los pisos con terraza. En ambos casos instalamos sin obra, directamente sobre el suelo existente, y el trabajo suele quedar listo en unas horas. También damos servicio en los municipios vecinos de Alhama de Murcia y Aledo, y en Librilla y Lorca.